• Evita limpiar con sol directo. Cuando la luz del sol incide directamente sobre el cristal, el producto se seca demasiado rápido y deja marcas. Lo ideal es limpiar en momentos del día con menos luz directa o en zonas sombreadas.
• Utiliza paños adecuados. Las bayetas de microfibra o los paños especiales para cristales ayudan a evitar pelusas. El papel de cocina o algunos trapos pueden dejar restos visibles.
• Usa poca cantidad de limpiador. Aplicar demasiado producto suele provocar cercos. Es mejor pulverizar una pequeña cantidad y extenderla bien.
• Prueba soluciones caseras. Una mezcla de agua templada con un chorrito de vinagre o unas gotas de alcohol puede ser muy eficaz para eliminar grasa y devolver el brillo al cristal.
• Seca con un paño limpio. Después de limpiar, pasa un paño seco o una gamuza para retirar cualquier resto de humedad.
• Limpia de arriba hacia abajo. Así evitarás que las gotas caigan sobre zonas que ya están limpias.
• Utiliza movimientos uniformes. Puedes hacerlo en forma de "S"
o con movimientos horizontales para cubrir toda la superficie.
• Revisa el cristal desde distintos ángulos. Cambiar de posición ayuda a detectar marcas o zonas que hayan quedado sin limpiar.
• Termina con un repaso final. Un último pase con un paño seco de microfibra ayudará a dejar el cristal completamente transparente.







