martes, 6 de enero de 2026

Trolebús Brossel belga con un chasis de tres ejes 1935

 

Trolebús Brossel belga con un chasis de tres ejes 1935

Trolebús Brossel belga con un chasis de tres ejes 1935

En 1935, con el deseo de continuar en el sector de los vehículos urbanos, Brossel desarrolló su primer trolebús. Los cuatro primeros vehículos entregados a Lieja fueron los bidireccionales 401-402 y 501-502 para RELSE. [Se menciona claramente la fecha de entrega del 403 y del resto, pero posiblemente en 1936]. Los dos primeros constaban de un chasis de tres ejes, con el eje central propulsado y los dos exteriores para la dirección. Estos trolebuses estaban equipados con motores eléctricos AEC y contaban con dos cabinas de conducción. La carrocería fue construida por Paul D'Heure. Se desconoce el nombre del fotógrafo y la fecha de la toma.
 
 


lunes, 5 de enero de 2026

Tienda de campaña HEIMPLANET MAVERICKS BLUE ICE SOPORTA RACHAS DE VIENTO DE HASTA 180 KM/H

 

Tienda de campaña HEIMPLANET MAVERICKS BLUE ICE  SOPORTA RACHAS  DE VIENTO  DE HASTA 180 KM/H
Siendo como es una tienda de campaña desmontable y portátil. dicha resistencia la hace idónea para expediciones expuestas a condiciones climáticas extremas. Utiliza una estructura inflable en lugar de postes metálicos rígidos y ofrece una superficie interior de unos 13 m2 y altura de casi 2 m. por lo que puede dar cobijo a hasta diez personas. 
 

Autobuses Ludewig Aero en un chasis de Mercedes Benz años 70

 

Autobus Ludewig Aero en un chasis de Mercedes Benz años 70

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domingo, 4 de enero de 2026

ULTRAHUMAN Ring Air Rastreador de sueño Actividad física Anillo Inteligente

 

ULTRAHUMAN Ring Air Rastreador de sueño Actividad física Anillo Inteligente

Material: titanio de grado de caza con revestimiento de carburo de tungsteno. Peso: ultraligero, desde 2,4 gramos. Sensores: frecuencia car­diaca (PPC), temperatura cutánea, movimiento (seis ejes). Resistencia: sumergible hasta 100 metros (10ATM). Autonomía: hasta seis días de batería con carga completa en dos horas.
 

Gafas de Terapia de Luz Luminette 3

 

Gafas de Terapia de Luz Luminette 3

Tipo de luz: led blanca enriquecida con azul (longitud de onda de 468 nm). Intensidad: tres niveles ajustables (500, t.000 y 1.500 lux). Diseño: montura ergonómica compatible con gafas de vista y lentes de contacto. Batería: recargable mediante USB-C; dura unas 10 sesiones por carga. Seguridad: certificación CE de dispositivos médicos; libre de rayos UV.
 

Las gafas Lumlnette 3 utilizan técnicas de fototerapia para combatir diferentes situaciones en las que el cuerpo necesita ayuda y que están relacionadas con los flujos de luz natural más erráticos. Han sido diseñadas para combatir el trastorno afectivo estacional, el insomnio y fatiga crónica. Por tanto, se alejan de las gafas Inteligentes tradicionales y, en este caso, velan por el bíenestar relacionado con la luminosidad que nos rodea.

Wang sostiene que China es un «estado de ingenieros» que construye a velocidad vertiginosa mientras Occidente bloquea las nuevas iniciativas

 

LIBRO Wang sostiene que China es un «estado de ingenieros» que construye a velocidad vertiginosa mientras Occidente bloquea las nuevas iniciativas

Wang de 34 años, está considerado uno de los principales expertos en el desarrollo tecnológico de China. Ha trabajado seis años en ese país y en la actualidad es investigador en la Universidad de Stanford, en California. En agosto publicó Breakneck: China's quest to engineer the 'Future ('A toda velocidad: la búsqueda de China por ingeniar el futuro'). Esta publicación levanta ampollas, pero aun así ha sido elegida libro del año por el Financial Times y es uno de los más vendidos de 2025 según el New York Times. Wang sostiene que China es un «estado de ingenieros» que construye a velocidad vertiginosa mientras Occidente bloquea las nuevas iniciativas, buenas y malas, con leyes, aunque también reconoce los costes humanos brutales del modelo chino: la política del hijo único, los confinamientos de la covid, la represión ... 
 
 
 

El penúltimo ‘Titanic’ Arturo Pérez-Reverte

Comienzo este artículo con una noticia que se me cruzó por las redes. Y como casi todo lo que se cruza de esa manera, lo vi, lo ignoré, lo volví a ver y al final me ganó la curiosidad. La cosa es que, en algún lugar de la fría Dinamarca, a alguien con mucho tiempo libre o mucho presupuesto para subvencionar chorradas se le ocurrió que la Orquesta Nacional interpretara el Tango Jalousie de Jacob Gade mientras cada músico, a mitad del asunto, tenía que mascar uno de los chiles más picantes del mundo. No una guindilla cualquiera, sino algo muy a lo bestia: Carolina Reaper, Scorpion Moruga o uno de esos que suenan más a comandos militares que a ingredientes de cocina. La idea era ver a músicos clásicos —gente que estudió toda su vida para no mover una ceja mientras trajina a Mozart— sudar como si corriesen una maratón en los Monegros, pero sin dejar de tocar. Violines y lágrimas.

El momento se emitió por la tele: los músicos, elegantemente vestidos, empezaron a tocar con exquisita dignidad; y cuando llegó el momento, a una seña del director, mordieron. En su honor, visajes desencajados aparte, hay que decir que aguantaron el tipo bastante bien. Siguió sonando la melodía y me gustó aquello. No la indiscutible gilipollez del asunto, sino las maneras. Siempre sentí admiración por las orquestas que tocan en momentos difíciles; las que se mantienen impasibles cuando el mundo se hunde, cuando todo se va al carajo, cuando nadie escucha. Las que no necesitan morder chile para demostrar carácter, porque el carácter se da por hecho cuando tocas mientras el Titanic se va a pique.

En fin. Escribo novelas, así que ustedes sabrán disculparme. Lo de los músicos daneses me hizo imaginar, puesto que es mi oficio, un viaje por mar en el siglo XXI. El penúltimo titán de los mares, crucero ultramoderno con tecnología punta y botellas de champaña mientras la nave cruza a veinte nudos un mar lleno de icebergs. A bordo, en primera clase, los que trazan el nuevo mapa del mundo: oligarcas rusos, jeques del Golfo, magnates coreanos, youtubers chinos, influencers haciendo posturitas. Y en las cubiertas inferiores, los parias de costumbre: hispanoamericanos cargando maletas, filipinos sirviendo cócteles, marroquíes fregando platos. Los que mantienen el lujo a flote sin hacer demasiado ruido.

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Pero el Polo Norte sigue siendo el Polo Norte. Esta vez el problema no fue un iceberg, sino el habitual. La imbatible estupidez humana. Nadie pensó que la IA, esa capitana de voz suave y mando férreo, pudiera desconectarse; pero ocurrió: fallo, apagón, silencio digital, barco a la deriva entre los hielos sin nadie responsable al timón. Y entonces vino el caos, porque nadie sabía cómo tomar decisiones sin una pantalla delante. Gritaban en cinco idiomas, reclamaban indemnizaciones en seis, y corrían en círculos como gallinas sin cabeza. Nadie sabía qué hacer, pero sí qué no hacer: los caballeros no cedieron el paso, ni hubo mujeres y niños primero, sino codazos, pisotones, protestas, gritos que no salvarían a nadie del agua helada.

Pero hubo una excepción: una pareja discreta, elegante, madura. Ella, hermosísima, cabello recogido en la nuca y ojos sonrientes. Él, caballero de toda la vida, gesto tranquilo y manos firmes, de las que aún saben acariciar, matar en caso necesario o hacerse el nudo de la corbata en el reflejo del cristal del extintor de un parking. Permanecían sentados en unas hamacas de cubierta, impasibles junto a una botella de Nuits Saint-Georges con dos copas que él llevaba en el bolsillo del abrigo. En un momento determinado, ella preguntó con melancólica curiosidad dónde estaba la orquesta y él respondió con una sonrisa tranquila. Aquello no era masticar chiles picantes para YouTube, dijo. Era el final absoluto, y los músicos se empujaban unos a otros buscando un bote salvavidas camino de Copenhague, con la dignidad —la de ellos y la del mundo— en inminente colapso por hipotermia.

Fue entonces cuando el último caballero del penúltimo Titanic sacó un pitillo arrugado. Lo encendió con calma, como quien recita un verso lejano, y se lo ofreció a su amante. Ella, arrebujada en un chal húmedo de bruma —que jamás volvería a secarse— lo miró con la ternura de las mujeres que han amado sin miedo. No hacía falta música. La vida había sido eso: un vals imperfecto, una aventura contada en voz alta, un naufragio anunciado. Nada que no hubieran leído antes en un libro. Se sonrieron cómplices y permanecieron juntos e inmóviles, sin tocarse. A falta de orquesta, él silbó algo. Tal vez era un tango: El hombre que desbancó Montecarlo. Entonces ella se acercó muy despacio y lo besó. Porque hay múltiples formas de morir, y además está esa otra.

Frases sobre los Tercios españoles

 

Frases sobre los Tercios españoles

En 1565, la poderosa armada de Soli­mán el Magnífico se dirigió a la isla de Malta, sede de los caballeros de la Orden Hospitalaría de San Juan. Preocupado por el avance turco en el Mediterráneo, Felipe II envió refuerzos para socorrer a la guarnición cristiana. Pierre de Bourdeille, uno de los defensores, se interesó por el número de efectivos que había enviado el Rey Prudente: «Señor, yo lo diré -le dijo un español-: hay tres mil italianos, tres mil alemanes y seis mil soldados». Por entonces era tal el prestigio de la infantería española que, en opinión de este indiscreto bravu­cón, ellos eran los únicos que merecían el nombre de «soldados».

Pero la fama guiaba hasta tal punto sus acciones que, allá donde fueran, se con­virtieron en sujetos dignos de emulación: "Los españoles están dispuestos a morir dos mil muertes antes que perder ningún punto en la honra ganada", les dijo en Pavía el curtido capitán Georg de Frundsberg a sus lansquenetes alemanes para espolearlos.

A finales de 1524, el rey Francisco I de Francia había entrado en Lombardía con un poderoso ejército y se presentó ante Pavía, plaza defendida por Antonio de Leyba. Tras convencer a sus capitanes de que adelan­taran la paga de los mercenarios alemanes, prontos al motín, el marqués de Pescara marchó con la infantería española al soco­rro de la ciudad sitiada. Francisco I había retado a los españoles a una batalla, pero Pescara esperaba la ocasión propicia para romper el cerco. Ante su tardanza en ata­car, el monarca francés preguntó en son de burla: "¿Dónde están esos leones de Es­paña?", pero un experimentado general le dijo: "Duermen, Señor; vuestra Majestad los conocerá en despertando". La infantería española diezmó a la flor y nata de la nobleza francesa y capturó a su monarca sobre el mismo campo de batalla. 

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