Pero la fama guiaba hasta tal punto sus acciones que, allá donde fueran, se convirtieron en sujetos dignos de emulación: "Los españoles están dispuestos a morir dos mil muertes antes que perder ningún punto en la honra ganada", les dijo en Pavía el curtido capitán Georg de Frundsberg a sus lansquenetes alemanes para espolearlos.
A finales de 1524, el rey Francisco I de Francia había entrado en Lombardía con un poderoso ejército y se presentó ante Pavía, plaza defendida por Antonio de Leyba. Tras convencer a sus capitanes de que adelantaran la paga de los mercenarios alemanes, prontos al motín, el marqués de Pescara marchó con la infantería española al socorro de la ciudad sitiada. Francisco I había retado a los españoles a una batalla, pero Pescara esperaba la ocasión propicia para romper el cerco. Ante su tardanza en atacar, el monarca francés preguntó en son de burla: "¿Dónde están esos leones de España?", pero un experimentado general le dijo: "Duermen, Señor; vuestra Majestad los conocerá en despertando". La infantería española diezmó a la flor y nata de la nobleza francesa y capturó a su monarca sobre el mismo campo de batalla.









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