
Se trata de una guitarra eléctrica experimental, desarrollada por el ingeniero y músico sueco Mattias Krantz, que elimina los puntos de anclaje tradicionales: sus cuerdas no tocan el cuerpo ni el puente porque están suspendidas por campos magnéticos generados por unos imanes extremadamente potentes. Este diseño obliga a reformular la tensión de las cuerdas y la estabilidad del puente, lo que da lugar a efectos de vibrato inusuales y retos de afinación poco convencionales.








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