En muchos casos, la conexión a Internet por cable es más rápida y estable que la conexión WiFi, ya que los datos se transmiten directamente a través de un cable de red. La conexión WiFi es más propensa a sufrir interferencias que pueden debilitar la señal y reducir la velocidad. Además, todos los dispositivos conectados por WiFi comparten el ancho de banda disponible, lo que provoca pérdidas de velocidad cuando se utilizan simultáneamente. Por el contrario, con un cable LAN se obtiene una conexión constante a máxima velocidad, con menos retrasos y menos cortes. Por esa razón, resulta especialmente recomendable para los juegos online o para el streaming en alta resolución.








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