Es uno de los grandes aliados cuando se toma en crudo, sobre todo por su contenido en vitamina C. En ensalada, en tiras finas o como parte de unos crudités, aporta color, sabor y un punto crujiente muy agradecido. Como esta vitamina es sensible al calor, tomarlo sin cocinar ayuda a conservarla mejor.
ZANAHORIA
Es cómoda, versátil y fácil de incorporar. Rallada, en bastones o en láminas finas, suma fibra y textura, y además convierte cualquier plato sencillo en algo más apetecible. Tomarla con un poco de aceite o dentro de una ensalada con un aliño saludable ayuda a aprovechar mejor sus carotenoides.
HOJAS VERDES
Lechuga, canónigos, rúcula, escarola o espinaca baby son una manera muy práctica de dar volumen al plato sin complicarse. Mezcladas con otras hortalizas, ayudan a sumar variedad y a no caer siempre en la misma ensalada. La clave está en alternarlas para no comer siempre lo mismo.
REMOLACHA Y COL LOMBARDA
Aportan color, personalidad y un punto distinto al plato. La remolacha en láminas finas o rallada y la lombarda muy picada permiten salir del esquema clásico de lechuga y tomate, algo importante si lo que se busca es comer más verduras sin aburrirse.
ESPINACAS
Las hojas tiernas de espinaca son una forma muy práctica de sumar verdura cruda sin caer siempre en la lechuga. Funcionan muy bien en ensaladas, bocadillos, wraps o incluso mezcladas con frutas y frutos secos. Aportan frescura, color y un perfil nutricional muy interesante, así que conviene tenerlas en cuenta más allá de los platos cocinados.








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