• Altura y niveles. Los rascadores tipo árbol, con varios pisos, permiten trepar, saltar y observar desde arriba, algo que les encanta.
• Estabilidad. Debe ser firme y no tambalearse. Si se mueve, el gato perderá interés rápidamente.
• Material adecuado. El sisal es uno de los más recomendados por su resistencia y porque resulta atractivo para rascar.
• Zonas de descanso. Muchos modelos incluyen plataformas o cuevas donde el gato puede relajarse después de jugar.
• Ubicación en casa. Colócalo en zonas donde pase tiempo, como el salón, para fomentar su uso.
• Estimulación extra. Algunos incorporan juguetes colgantes o escondites que aumentan su interés.
• Mantenimiento. Conviene revisar el desgaste y sustituir las partes dañadas para que siga siendo seguro y funcional.








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